Edició: 1226, dilluns 21 maig 2012 a les 15:05h hi han 9660 notícies publicades
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Mision en el supermercado

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Leche semidesnatada, agua, café, pan, ensalada y limpiador y desinfectante para el cuarto de baño bosque verde.

Este sábado pasado mientras mi chica trabajaba desde medio día hasta las dos. Fue entonces cuando la gran gesta fue encomendada. "Cariño, necesito unas cosas para casa ¿puedes ir a comprar?

En ese momento, un hombre, yo, hincha el pecho y dice, tranquila cariño, que ya me encargo yo. Se cuadra firmes, recibe las órdenes, saluda marcialmente a su oficial y parte presto para realizar esta fácil misión.

La incorporación de los hombres a las tareas del hogar (hechas las oportunas excepciones o los especiales casos particulares) es una de las asignaturas pendientes de la gente de mi generación. Y no es que, personalmente no haga nada, sí, se poner una lavadora (la mía) sí, se poner un lavaplatos, se cocinar ciertos platos y lo que es más fácil, se ir a comprar. Tan solo hay que seguir la lista, es sencillo.

Así que raudo partí con mi coche a un gran supermercado, cogí con efusividad un carrito y me adentré en el laberíntico museo que supone una gran superficie.

Lo primero por lo que un hombre se siente atraído irremediablemente es por la electrónica, fantasea con esa televisión finita, gigante, full HD, con ese equipo de sonido envolvente y se imagina viendo la Jungla de Cristal rodeado de disparos por todos lados y con esa cara de John McClane ensangrentada tan real que te entran ganas de pasarle un betadine. O esa cara fea de los orcos del Señor de los Anillos, tan bien definida, que hasta puedes verles los empastes.

Lo cierto es que, tras ese orgiástico sueño, uno vuelve al pan y a la leche. Camina por entre los pasillos, en busca de esa leche semidesnatada que cree mejor para su chica porque, y aquí empiezan los problemas, no recuerda muy bien la marca, pero piensas: qué más da, a fin de cuentas es leche.

Error amigo, error. NUNCA DA IGUAL. Por el silencio de aprobación de mi pareja por lo menos puedo deducir que acerté o, por lo menos, no le importó.

Buscando el último artículo, el tal desinfectante que, confiando en mi memoria no apunté, encontré a un grupo nutrido de hombres con carrito y niño, lo que es conocido como carriño o "padre haciendo recados" entorno a un estante.

Efectivamente, era el del limpiador de baños. Las miradas se entrecruzaban entre ellos con nerviosismo. Alguno, se limpiaba el sudor mientras susurraba "limpiador aromizante a pino, con anti-cal… no está… ¡¡no está!!" - mientras hincaba su rodilla en el suelo.

Otro miraba a su niña mientras esta le preguntaba "¿Cuándo volvemos a casa papi, tengo hambre?" Y el le increpaba "calla niña!" mientras miraba con inquisitiva atención a las etiquetas de los múltiples limpiadores. Había, de hecho, un anciano con barba blanca apostado junto a una columna, sobre el que decían que tenía lo menos cien años, que había ido en busca de un jabón y que al no encontrarlo no se atrevió a volver a su hogar.

Yo, convencido de mis posibilidades, me pasee, con paso firme, mirando con vehemencia al resto de soldados fracasados y buscando el, lo que en mi memoria era "desinfectante limpiador" pero habíendoseme olvidado la marca.

"Ambientador, descalfificador", "limpia y da esplendor", "ahora con la nueva fórmula que deshace los azulejos: ya no tienes que limpiar"…pero no, no había ninguno que pusiera desinfectante. En ese momento los fantasmas de mis compañeros empezaron a hacerme mofa…" a nosotros nos pasó lo mismo" decían con sorna y espanto. No sabía cual coger, además recordaba que era en forma de pulverizador, luego el calvo de la botella que me miraba como diciendo "eh macho, aquí estoy" no me servía. Mis nervios empezaron a traicionarme, mientras me veía cada vez más inmerso en el mundo de los espíritus como si de Frodo Bolsón se tratara y en mi mente retumbaba  la voz de Gandalf diciendo, "no lo uses, no lo uses!" pero lo hice: llamé a mi madre, que me contó que estaba entre fogones preparando la comida para mis hermanos y que ella le iba muy bien el del pato…: ¡¡pero ese estúpido animal no es!!, colgué el teléfono consciente de que iba a ser la mofa de mi familia.

Al final cogí uno que, recordaba en un anuncio, era capaz de atravesar el titanio, narices, seguro que lo mata todo.

Salí corriendo del mundo de las sombras, hacia el coche esperando que la compra fuera satisfactoria.

Al recoger del trabajo a mi chica me preguntó ¿Qué tal la compra? Yo le dije que muy bien, con cierto disimulo de seguridad, “ha costado 30 euros "-“¡¡30!!”, dijo ella sorprendida- “a ver déjame ver la lista de la compra” -dijo- “ ah, el atravesador de titanio, normal".

Me miró de soslayo, sonrió y fuimos a casa a preparar la comida.

 

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